"Frases deshilachadas; entrevistas sin entrevistador; una conversación apenas audible; poemas pésimos, pútridos, pérfidos pero personalmente propios. Tío y sobrino ahogándose juntos". Idea y Conducción: Diego Skliar & Carlos Skliar. Todos los martes 21 a 22 horas. FM La Tribu - 88.7 - www.fmlatribu.com (radio on line)
Buenos Aires - Argentina.
"Antes de terminar, una última nota. Que no se confunda: esta no es la biografía de Zenón, sino la biografía del tirano responsable de su tortura y, por fin, de su muerte. ¿Su nombre? ¿Qué importa? Todos los tiranos tienen el mismo nombre", (Gonçalo Tavares, 'Historias falsas', fragmento).
"Perdí algunas diosas en el camino de sur a norte,
y también muchos dioses en el camino de este a oeste.
Se me apagaron para siempre un par de estrellas, ábrete cielo.
Se me hundió en el mar una isla, otra.
Ni siquiera sé exactamente dónde dejé las garras,
quién trae mi piel, quién vive en mi concha.
Mis hermanos murieron cuando me arrastré a la orilla
y sólo algún huesito celebra en mí ese aniversario.
Salté de mi pellejo, perdí vértebras y piernas,
me alejé de mis sentidos muchísimas veces.
Desde hace mucho cerré mi tercer ojo ante todo esto,
me despedí de todo con la aleta, me encogí de ramas.
Se esfumó, se perdió, se dispersó a los cuatro vientos.
Yo misma me sorprendo de mí misma, de lo poco que quedó de mí:
un individuo aislado, del género humano por ahora,
que sólo perdió su paraguas ayer en el tranvía". (Wislawa Szymborska, 'Discurso en el depósito de objetos perdidos', 1978).
"Nosotros los humanos, siendo animales humanos, tenemos un miedo animal a la muerte, la así llamada vitalidad no es otra cosa que fuerza animal. Yo mismo soy uno de esos animales humanos. Mi sistema parece gradualmente haberse liberado de esa fuerza animal, teniendo en cuenta el poco interés que me queda por el alimento y las mujeres. El mundo en el que estoy ahora es uno de enfermedades nerviosas, lúcido y frío. La muerte voluntaria debe darnos paz, si no felicidad. Ahora que estoy listo, encuentro la naturaleza más hermosa que nunca, paradójico como suene. Yo he visto, amado, entendido más que otros, en ésto tengo cierto grado de satisfacción, a pesar de todo el dolor que hasta aquí he soportado", (Ryunosuke Akutagawa, 'Cuerpo de mujer', fragmento).
“El camino escondido, el de la sabiduría secreta, el tercer camino, no se abre sin un guía y no se entra por él sin que el corazón se haya movido y la mente le obedezca”, (María Zambrano).
"La experiencia nos dice que no se ve cuando se va. Al ir no se ve tan siquiera adónde se va. Si el volver es realmente un volver, y no una repetición del ir, es cuando el ver se presenta" (María Zambrano).
"El artista se forja en ese perpetuo ir y venir de sí mismo a los demás; equidistantes entre la belleza, sin la cual no puede vivir, y la comunidad, de la cual no puede desprenderse. Por eso los verdaderos artistas no desdeñan nada; se obligan a comprender en vez de juzgar, y si han de tomar un partido en este mundo, este sólo puede ser el de una sociedad en la que según la gran frase de Nietzsche, no ha de reinar el juez sino el creador", (Albert Camus, 'Discurso Premio Nobel, 1958, fragmento).
“Lo cierto es que si tuviéramos tiempo para hablar, todos nos declararíamos excepciones. Porque todos somos casos especiales. Todos merecemos el beneficio de la duda. Pero, a veces, no hay tiempo para escuchar con tanta atención, para tantas excepciones, para tanta compasión. No hay tiempo, así que nos dejamos guiar por la norma. Y es una lástima enorme, la más grande de todas”, (J. M. Coetzee, 'La edad de hierro', fragmento).
"Como le gustaba leer e iba a hacer un viaje largo, el señor Juarroz decidió poner en su maleta seis ejemplares de un mismo libro. Pero la maleta del señor Juarroz quedaba tan pesada que él nunca conseguía viajar. El señor Juarroz llegaba a la conclusión que no podría llevar de viaje su casa entera. Incluso porque así, no iría a ninguna parte. Pero sí, en dirección a sus objetos. En dirección, por consiguiente, a su propia casa. Y entonces el viaje se volvía innecesario porque el señor Juarroz estaba ya en su propia casa. Cuando estaba entonces pronto para salir de casa, ahora sin ninguna maleta, comenzaba a pensar que así, desprotegido, tendría frío, pasaría hambre, más allá de correr el riesgo de sufrir diversas otras angustias existenciales e higiénicas. Decidía siempre, por eso, a última hora, permanecer en casa", (Gonçalo Tavares, 'O bairro', fragmento).
"He tirado al abismo el hueso de la misericordia; no es necesario cuando el dolor es parte de la serenidad, pero la lucidez trabaja en mí como un alcohol enloquecido. Sé que las uñas crecen en la muerte. No baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al expulsar la falsedad, nos desollamos y no viene nadie. No hay sombras ni agonía. Bien: no haya más que luz. Así es la última ebriedad: partes iguales de vértigo y olvido" (Antonio Gamoneda, 'Arden las pérdidas, Viene el olvido, 1993-2003).
"Cupido. El llamado dios del amor. Esta creación bastarda de una bárbara fantasía fue indudablemente infligida a la mitología para que purgara los pecados de sus dioses. De todas las concepciones desprovistas de belleza y de verdad, esta es la más irracional y ofensiva. La ocurrencia de simbolizar el amor sexual mediante un bebé semiasexuado, de comparar los dolores de la pasión con flechazos, de introducir en el arte este homúnculo gordito para materializar el sutil espíritu y la sugestión de una obra, todo esto es digno de una época que, después de darlo a luz, lo abandonó en el umbral de la posteridad", (Ambrose Bierce, 'El diccionario del Diablo' fragmento).
"Mejor no diga nada.
Sería inútil. Ya ha pasado.
Fue una chispa, un instante. Aconteció.
Yo acontecí en ese instante.
Puede que usted también lo hiciera.
Suele ocurrir con los poemas:
terminan condensándose las formas
en nuestros ojos como el vaho
sobre un cristal helado;
las formas, con su herida.
Pues quien construye el texto
elige el tono, el escenario,
dispone perspectivas, inventa personajes,
propone sus encuentros, les dicta los impulsos,
pero la herida no, la herida nos precede,
no inventamos la herida, venimos
a ella y la reconocemos".
"Un escritor debe tener la máxima ambición y saber que lo importante no es la fama o el ser escritor sino escribir, encadenarse de por vida a un noble pero implacable amo, un amo que no hace concesiones y que a los verdaderos escritores los lleva por el camino de la amargura, como muy bien se aprecia en frases como esta de Marguerite Duras: «Escribir es intentar saber qué escribiríamos si escribiésemos", (Enrique Vila-Matas, 'Bartleby y compañía', fragmento).
"En pocas semanas, la popularidad del hombre que no se parece a nadie es total. Cada noche, cuando sale a la pista del circo, el público lo aclama durante cinco, diez, quince minutos. Conmovido, agradece los aplausos, se emociona con los bravos, manda besos a todos los rincones de la carpa, recoge las flores que le lanzan. Y, en la mirada de algunos espectadores, reconoce el ansia de los que, en lugar de parecerse a quien se parecen, darían lo que fuera por parecerse a él", (Sergi Pámies, 'Fama', fragmento).
"Un filósofo deberá tener un candelabro para leer y otro candelabro para ver el cuerpo de una mujer desnuda. Si utiliza el mismo candelabro para las dos actividades, el filósofo se arriesga a confundirlo todo, leyendo a la mujer, del principio al fin, y durmiendo con el libro, de modo simultáneamente perverso y apasionado" (Gonçalo Tavares, 'Biblioteca', fragmento).
"Decir todo en una frase, he aquí el coraje de quien escribe. Amenazar decir todo en las frases siguientes, he aquí la cobardía. El tedio produce documentos. Cada objeto tiene una filosofía y he aquí la aparición de los gestos en los hombres. ¿Qué surgió primero, el objeto o el movimiento con que lo dominas? Antes del verbo, las cosas amenazaban un lenguaje que el silencio antiguo no podría hacer. A pesar de todo, el silencio tiene menos palabras que una palabra" (Gonçalo Tavares, 'Biblioteca', fragmento).
“Para aquel que robara, cogiera prestado o no retornara un libro a su legítimo propietario, que se transforme en una serpiente en su mano y ... se la desgarre. Que queda paralizado o todos sus miembros malditos. Que sufra el dolor pidiendo en voz alta clemencia, y que no se le permita recuperarse de su agonía hasta que se descomponga. Permítase a los gusanos de los libros que roan sus entrañas… y cuando vaya a alcanzar su castigo final, permítase que se consuma eternamente en las llamas del infierno” (Monasterio de San Pedro, Barcelona).
"Leyendo a los otros o a nosotros mismos, poco margen veo yo para estallidos bélicos y mucho en cambio para la capacidad de un hombre para respetar los derechos de otro hombre, y viceversa. Nada menos agresivo que un hombre que baja la vista para leer un libro que tiene en sus manos. Habría que partir a la búsqueda de ese recogimiento universal. Se me dirá que se trata de una utopía, pero sólo en el futuro todo es posible", (Enrique Vila-Matas, ‘Escribir es dejar de ser escritor’, fragmento).
"Pero no tengan miedo Pronto uno se acostumbra y hasta se siente cierta ebriedad Y se pasa el tiempo Mostrando sus dientes de leche a las perlas del juicio Que preparan el Juicio Final"
“Me paso el tiempo fustigando a los tarados, a los débiles y a las lacras sin remedio. Y pago las consecuencias. Vivo incomunicado, en guardia permanente, en un estado de irritación que no cesa y acusado de racismo, misoginia, clasismo y pedantería, penado por la ley del hielo… Soy intolerante. Asqueado, miro a la gente desde mi atalaya. Y todo aquello…no es ser esnob: es ser desdichado. Yo elegí ser eso y lo sufro, pero no lo deploro… En todo caso, te puedo aconsejar una cosa…si puedes evitar ser como yo, un amargado, evítalo” (Eduardo Parra Ramirez, 'La ira del filósofo', fragmento).
"La fórmula florece y prolifera. En cada circunstancia se produce el estupor en el entorno de Bartleby, como si se hubiera escuchado lo Indecible o lo Imparable. Y el silencio de Bartleby, como si lo hubiera dicho ya todo y agotado de golpe también el lenguaje. Con cada circunstancia se tiene la impresión de que el disparate va a más: no «particularmente» el de Bartleby, sino a su alrededor, y en especial el del abogado, que se lanza a hacer insólitas proposiciones e incurre en comportamientos más insólitos aún. No hay duda, la fórmula es devastadora, hace estragos, y no permite que nada subsista a su paso" (Gilles Deleuze, fragmento).
"Escribir / para curar en la carne abierta / en el dolor de todos / en esa muerte que mana en mí y es la de todos / escribir / para ahuyentar la angustia que describe sus círculos de cóndor / sobre la presa / aunque en el alma no / en el alma la estimación del tiempo que concluye / y es arriba algo más que un silencio / con ojos semiabiertos (...) Escribo, para que el agua envenenada pueda beberse" (Chantal Maillard, 'Escribir', fragmento).
"Un día, a la hora de almuerzo, empezó a llorar. No le explicó la razón a nadie. Ni ella sabía por qué lloraba. Y de ahí en adelante vivía llorando. A pesar de comer poco, engordaba. Y tenía ojeras moradas. Su voz, cuando cantaba en la iglesia, era de contralto. Hasta que le dijo al padre en el confesionario: -¡No aguanto más, juro que ya no aguanto más! Él le dijo meditativo: -Es mejor no casarse. Pero es mejor casarse que arder" (Clarice Lispector, 'Mejor que arder', fragmento).
"Diferentes, los cuerpos son todos algo deformes. Un cuerpo perfectamente formado es un cuerpo molesto, indiscreto en el mundo de los cuerpos, inaceptable. Es un diseño, no un cuerpo" (Jean Luc Nancy, '58 indicios sobre el cuerpo', fragmento).
"Efectivamente, no creo que nadie haya considerado el mundo abrigando las sospechas que yo, no sólo como abogado del diablo, sino también, empleando el lenguaje teológico, como enemigo y partidario de Dios; y el que sepa adivinar algo de las consecuencias que entraña toda sospecha profunda, algo de la sensación de fiebre y de miedo y de las angustias de soledad a que se condenan todos los que están por encima de la diferencia de miras, comprenderá también cuánto tengo que hacer para descansar de mi mismo, casi para olvidarme de mi propio yo, buscando refugio en cualquier sitio, llámese hostilidad o ciencia, frivolidad o tontería; porque cuando no encontré lo que necesitaba, me lo he procurado con artificio o falsificación. ¿Han procedido de otro mundo los poetas?".
"El escritor que hay en mí morirá, naturalmente, enseguida, pues una figura semejante carece de suelo, de consistencia, no es ni siquiera de polvo; sólo es posible en la vida terrenal más absurda, sólo es una construcción de la sensualidad. Éste es el escritor. Yo mismo, sin embargo, no puedo seguir viviendo, puesto que no he vivido. He permanecido siempre barro, no he logrado que la chispa se convirtiese en fuego, sólo la he utilizado para iluminar al cadáver. Será un entierro peculiar: el escritor, algo, por consiguiente, inconsistente, entregará al viejo cadáver, al cadáver de siempre, a la tumba" (Kafka, 'Aforismos de Zurau', fragmento).