PREFERIRIA NO HACERLO
"Frases deshilachadas; entrevistas sin entrevistador; una conversación apenas audible; poemas pésimos, pútridos, pérfidos pero personalmente propios. Tío y sobrino ahogándose juntos". Idea y Conducción: Diego Skliar & Carlos Skliar. Todos los martes 21 a 22 horas. FM La Tribu - 88.7 - www.fmlatribu.com (radio on line) Buenos Aires - Argentina.
jueves 1 de marzo de 2012
jueves 9 de febrero de 2012
domingo 22 de enero de 2012
De la rebelión, la crispación, la desvergüenza & la infamia
/rebelión/
No es crispación. No hay, todavía, destrucción. Si existe rebelión es porque las cosas desaniman y hartan y engañan. La naturaleza humana exige rebelión allí donde las aguas están demasiado quietas. Pero no es aconsejable nadar contra la corriente, pues en la otra orilla, si es que la hay, ya no queda nadie. La vida merece rebelarse en sí misma y con otros. Rebelarse al hábito de la muerte y, sobre todo, a la postración de la vida. Como toda palabra aguda es necesaria, además de su pronunciación, una cierta acción. Un gesto es suficiente para derrocar el peso de este mundo.
Rebelarse no es contra qué. Es junto a quién. Se me dirá que una afirmación de este porte niega todo lo ocurrido hasta aquí, desde la rebelión de un pueblo, hasta la rebelión de un niño. Desde la rebelión de un grupo, hasta la rebelión del alma. Es posible. No estoy seguro. Y es que contra qué significa: quizá contra todo. Contra la infamia, la humillación, el cambio climático, la pérdida de tiempo, la excesiva pausa, el hambre, el maltrato a mujeres, a la infancia, a los animales, la injusticia, la desvergüenza, la corrupta corrupción, el sonido chirriante, la pared de al lado, la mala literatura, la mala educación, la ignominia, el salario, la falta de salario, los déspotas, los tiranos, la imbecilidad, la lluvia no anunciada, el viento huracanado, la guerra que vendrá, el dios mudo, el destino inanimado. Todo lo que compone el mundo, este mundo, es causa de su contrariedad. Estar contrariado con el mundo, con este mundo. El que uno habita. Hace. Deshace. Dice, desmiente. Prefigura, configura, desfigura. La demasiada infancia, la demasiada vejez, causan contrariedad. El porqué de la vida y el sin qué de la muerte, provocan contrariedad. Uno es la contrariedad del otro. Otro es la contrariedad de uno. Estar juntos perturba. Estar lejos desespera. La distancia justa, la justa medida, la medianía, el hombre medio, la medianera se han vuelto insoportables. Hacer de cuenta que todo importa y hacer de cuenta que nada importa, es motivo de contrariedad; subir, bajar, andar, pensar, reír, bostezar, adular, disfrazar, prevenir, postergar, injuriar, acallar, callarse, sobreestimar, desestimar, menoscabar, desamar, dilapidar, estrellar, asimilar, expresar, opinar, informar, batallar, asumir, decaer, enfermar. Contra el mundo. Contrariados y contrariándonos. Pero el mundo no es la vida. Es la escena donde la vida singular ocurre. Es su invertebrado escenario. Acontecen cosas en esa vida que está en el mundo. ¿Es verdad, acaso, lo contrario? El académico confunde el mundo con la vida. Y tuerce la vida hasta hacer parecerla el mundo. El monstruo político lo confunde aún más y pese a sus afónicas promesas ya no tiene vida. Las noticias sanguinarias lo arruinan todo: al mundo y a la vida. La publicidad, no confunde, lo hace propósito. Hace a propósito de una vida que no tendremos en un mundo que no está. Pero hay el poeta que encuentra algo que no ha comenzado ni ha terminado y reposa y subvierte en la mitad. Hay el maestro que podría distinguir la Historia de la historia. O la geografía de la travesía. O el brillo de la agonizante mariposa con su pasado gusano. Hay la infancia, que rehace al mundo con su nueva vida. Rebelión, rebelarse, rebeldía. Rebelión: fin de la paciencia, un temblor de dentro hacia fuera, hacia la calle, hacia la plaza. Rebelarse: ser intolerante con un mundo que no tiene paz ni deja en paz. Rebeldía: acción de no ocultarse, de no esconderse, de no ser tolerante con el propio pensamiento. Pero: no contra qué. Sino junto a quién. Junto a quién quiere decir que no se es Ícaro, sino una de las voces en El Banquete. La cofradía es junto a quién. El gesto iracundo es contra qué. El golpe es contra qué. La amistad es junto a quién. La amenaza, el asesinato es contra qué. Mirar hacia los lados, andar a los lados, estar en los lados, es junto a quién. Hay rebelión de vocablos (Oliverio Girondo), rebelión de las masas (Ortega y Gasset) y hay rebelión en la granja (George Orwell). Hay: “El lado del Bien es el de la sumisión, el de la obediencia. La libertad es siempre una apertura a la rebelión (…) y eso que encarna una verdad primera, la del niño que se rebela contra el mundo del Bien, contra el mundo de los adultos y es arrastrado, por su revuelta sin reservas, al partido del Mal” (Georges Bataille). Y, sobre todo, ya se sabe gracias a Alejandra Pizarnik que: “Una mirada desde la alcantarilla / Puede ser una visión del mundo”. Sí, ya se sabe. Desde una alcantarilla o detrás de la ventana o bajo la cama o sobre el hombro humillado y pisoteado de otro hombre o frente al débil o encima del palco o atrás del árbol. “La rebelión consiste en mirar una rosa / Hasta pulverizarse los ojos”. Rebelión: primero es mirar, existe en la mirada; algo rebela y se revela. Quien no mira, es decir, quien no mira hacia fuera de sí mismo, no siente ni padece rebelión. La mirada que mira hacia fuera: curiosa y furiosa definición de la vida, pero no del mundo. El mundo se mira a sí mismo. Pulverizarse, estremecerse, conmoverse, desencadenarse la rebeldía. Mirar una rosa. Lo que es decir: mirar al mundo. Y pulverizar su atrocidad.
(Carlos Skliar, 'Lo dicho, lo escrito, lo ignorado', fragmento).
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Carlos Skliar
martes 27 de diciembre de 2011
De las travesías, los caminos, los paseos & las encrucijadas
/travesía/
Alguien está en un sitio y algo, alguien, alguno, lo convida a pasar. A salir. A realizar una travesía. A realizar un pasaje. A pasear. El sitio donde se está es cualquiera. O puede no haber sitio. No haber punto de partida, origen, nítido comienzo. Puede ser una casa y la invitación es a salir hacia fuera. Puede ser el refugio de la intimidad y el convite es a la alteridad. Puede ser el silencio y la invitación es a conversar. Puede inclusive ser soledad indeseada y el gesto le hace compañía. También la invitación puede ser cualquiera: la mirada, la memoria, una palabra como ‘bienvenida’ o una pregunta, una mano extendida, una sensación, la ternura.
En la travesía no se pasa de una detención a un movimiento. De una posición decaída a otra erguida. No hay pasaje del malestar al bienestar. No se va de lo incompleto a lo completo. No se trata de una salvación, de algo que se recupera y que regresa a casa pisando su misma huella. Pasar como pasear. Aunque resulte modesta la expresión: “Es posible que el paseo sea la forma más pobre de viaje, el más modesto de los viajes. Y sin embargo, es uno de los que más decididamente implica las potencias de la atención y la memoria, así como las ensoñaciones de la imaginación y ello hasta el punto de que podríamos decir que no puede cumplirse auténticamente como tal sin que ellas acudan a la cita. Pasado, presente y futuro entremezclan siempre sus presencias en la experiencia del presente que acompaña al Paseante y le constituye en cuanto tal”.
Es la diferencia entre el tiempo que pasa y lo que pasa en el tiempo. O, quizá, la diferencia que hay al interior del tiempo que pasa. Diferencia como intensidad. Tiempo como hondura. Los griegos lo llamaban aión. Podríamos traicionar el nombre y llamar de travesía a esos segundos que no quieren pasar, aún pasando. La percepción los congela, los retiene, los recuerda. El pensamiento dedica sus mejores horas, siempre nuevas, a esos segundos que están pasando. El viaje. No, mejor dicho: el viajar, así, en infinitivo. No es el sitio, es el estar atravesando en los segundos de la travesía. No se trata del ‘yo paseo’, sino del paseo sin ‘yo’. Se atraviesan los segundos y lo que permanece es una esforzada paciencia por no desistir de todo lo que es capaz de atesorar la mirada. Por ejemplo: quien mira sobre todo a los costados. O quien balbucea, no porque no puede decir, sino porque quiere el suspenso de lo que dirá. O quien busca incesantemente una carta y se detiene en decenas de cartas anteriores. O quien quiere esa fotografía, pero no duda en demorarse siempre en la imagen posiblemente anterior. O quien recorre un parque siguiendo de cerca las escenas de la infancia. La travesía pierde su destino porque no tiene meta. No es finalidad. La travesía es la duración del durante. La habitan cientos de desvíos anunciados con la palabra quizá. Se recuerda remotamente el punto de partida: a veces es la infancia. Y nunca se sale de allí, porque la infancia está desacompasada con el destino. A veces es un modo de pensar que el pasar, el pasaje, lo desviste, lo desnuda, lo desarropa. Otras veces es una palabra fijada a los labios que, en la travesía, parece de otra lengua, de otra época. Y las demás de las veces es una ilusión ahora desatinada, desatenta consigo misma: “Pues existe la trayectoria, y la trayectoria no es sólo un modo de ir. La trayectoria somos nosotros mismos. En lo referente a vivir, nunca se puede llegar antes. El vía crucis no es un desvío, es el paso único, no se llega sino a través de él y con él. La insistencia es nuestro esfuerzo, la renuncia es el premio. A éste sólo se llega cuando se ha experimentado el poder de construir y, pese al sabor del poder, se prefiere la renuncia”
El niño viaja. Atraviesa. Pasa entre travesuras. Se detiene sin saber que está detenido. Abre el tiempo como abre el juguete. Desarma el tiempo como desarma el lenguaje. Los primeros pasos no son los primeros pasos. Ya caminó varias veces, pasando a través de tinieblas y enredaderas. No se cae, se queda allí y no conoce mejor modo de quedarse que caerse. No se dirige hacia nada, sino hacia alguien, hacia algún fragmento de alguien. El niño desconoce, por inoportuna, la diferencia entre caminar, pasar, pasear, atravesar, viajar, hacer travesía: en el niño cada segundo lleva el nombre del pasaje.
El poeta viaja. Atraviesa. Pasa. De una palabra a otra. De una palabra a la voz. De la voz al cuerpo. Del cuerpo a la escritura. De la escritura a la palabra, a la voz, al cuerpo de quien lee. El poema, algunos poemas, atraviesan y permanecen. Hacen la travesía entre dos y, luego, ya nunca se sabrá del límite. El poeta hace una excursión: “(…) proseguí muy contento mi viaje y, mientras caminaba, tenía la impresión de que el mundo entero y redondo avanzaba junto conmigo”. El poeta atraviesa mientras camina. La travesía es mientras. El poema es ese mientras que dura su espacio en la página. El pasaje olvida el principio y el final. Habita en medio. Entre.
El escritor viaja. Atraviesa. Pasa. De una escritura a otra. También la voz pasa y se escribe. Se escribe y pasa. El escritor sale, pero vuelve a entrar porque una palabra le toca la espalda y lo hace regresar: “Antes de llegar a la puerta del jardín, súbitamente, el escritor dio media vuelta. Fue a la casa, subió corriendo a su cuarto a sustituir una palabra por otra”. Para salir, para quitarse de sí, el escritor necesita la palabra, la palabra que deja y la palabra que se lleva a pasear. Es un atravesador de palabras; su cuerpo, el sitio donde las palabras pasan.
El maestro debería viajar. E invitar a viajar. Dejar pasar lo que ya sabe. Atravesar lo que no sabe. Pasar un signo, una palabra, que pueda atravesar a quien lo reciba. Salirse de sí. Irse de excursión al mundo. Dar un signo de ese mundo. Pasarlo. Pasearlo. Construir la travesía del educar. Que el tiempo no pase como pasa el tiempo. Educar es el tiempo de la detención, de lo que se detiene para escuchar, para mirar, para escribir, para leer, para pensar. Donde unos y otros salen a conocer y desconocer qué es lo que les pasa.
Más allá de desde dónde venimos. Más allá de hacia dónde vamos.
(Carlos Skliar, 'Lo dicho, lo escrito, lo ignorado', fragmento).
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Carlos Skliar
jueves 22 de diciembre de 2011
Marina Tsvietáieva & Un 'do agudo' entre la vida y la muerte
Marina Tsvietáieva: un 'do agudo' entre la vida y la muerte, por Carlos Skliar.
(Publicado en 'Esto no es una revista', número 17, diciembre de 2011).
Quizá fue en una tarde plomiza, con un viento herido aullando entre los bosques, cuando Marina Tsvietáieva –esa poetisa sin paz y sin remedio– tomó la decisión final de la soga en el cuello, que no es cualquier decisión.
Es cierto que la vida no puede leerse apenas a partir de la forma que asume la muerte, pero una muerte que se toma con las propias manos podría decir algo acerca de los últimos instantes de una existencia instalada en el centro del fuego. Una despedida anunciada, una disculpa casi sin voz: “A mí perdónenme –no pude más”, escribe a sus hermanas. “Perdóname, pero en adelante habría sido todo peor. Estoy gravemente enferma, esto ya no soy yo”, le escribe a su hijo Mur en lo que fuera la última de las cartas de Marina.
La escritora se suicidó el 31 de agosto de 1941 en Elábuga, esa última aldea de exilio y de frontera entre la vida y la muerte, rodeada –según relata su hijo– por la estupidez, la fealdad, la mugre, la desesperación. Sin embargo, ya había preanunciado su muerte desde hacía muchísimo tiempo. Por ejemplo en 1908, cuando expresa su deseo de suicidarse (¿metafóricamente?) durante la representación teatral de L'Aiglon. O el 13 de mayo de 1918 cuando escribe: 'Toma, cariño, mis harapos / que fueron un dulce cuerpo. Lo he destrozado, lo he gastado / sólo quedan las dos alas (…)”. O también durante 1919, cuando sabe que ya ha dejado de escribir versos e intuye que pronto dejará de amar. Una existencia de hoguera, de extrema pasión y de aguda percepción, no puede sino estar expuesta al límite más voraz de lo cotidiano, a la rugosidad abrupta del tiempo, al borde mismo de una vida sentida y padecida como abismo inexorable sobre el que se pone de pié una y otra vez el amor y la escritura.
El amor (mejor dicho: el amar) y la poesía (mejor aún: el escribir) pueden ser las formas más nítidas que revelen su biografía. Si se ama y se escriben versos la vida continúa, la vida es ese durante de la duración del tiempo porque allí se mueven el ritmo, la pasión y la hondura de la respiración humana. Pero si un buen o un mal día se deja de escribir y, enseguida, de amar ¿qué queda de la vida, qué hay en la vida?
En el caso de Marina quizá se trata de un escabroso y definitivo hartazgo existencial y de época: la humillación por no tener donde vivir ni donde apoyar sus pocas cosas; las angustiantes solicitudes, sin respuesta, para realizar cualquier trabajo; la lejana prisión de su siempre–marido Sérguei; el destierro incógnito de su hija Ariadna; la incomprensión ya definitiva acerca de los rumbos de la política soviética; el acecho mortífero de la ocupación nazi; en fin, toda una geografía apenas iluminada por la necesidad imperiosa de un cadalso propio.
A setenta años de su suicidio la memoria nítida sobre su escritura y sobre su vida parece haber llegado demasiado tarde para tanto amor y tanta escritura, ese desconsuelo permanente y final que casi siempre acompaña a esos escritores casi no leídos en su propio tiempo.
El hecho de que hoy conozcamos su poesía, su prosa, su epistolario, en síntesis, que sepamos de algo parecido a su intimidad, no borra con una supuesta familiaridad tanta soledad bestial, tanta intensidad ahogada, tanta voluntad de existencia y tanto desapego final. Así como tampoco oscurece o apacigua toda la tensión apabullante que transmite una vida puesta en una escena brutalmente real: como si la luz de este teatro hubiera iluminado malamente los fragmentos de su vida, como si el guión hubiera sido escrito por una pluma ensañada con más y más tragedia. Pero, también, con más y más lucidez: “¿Qué quería decir el poeta con estos versos? Pues justamente lo que dijo. No explico, encomio; no demuestro, muestro (…)”.
¿Qué escoger para un retrato de Marina? ¿A qué escena prestarle más atención? ¿A los sonidos y ritmos de una poesía nueva atada a la sangre de su corazón? ¿A la amorosidad de una grieta que se abría ante cada una y cualquiera de aquellos que deseaban habitar su vida? ¿A la desgarradora muerte por inanición de su otra hija, Irina? ¿A esa voz insistente que deseaba más que nada ser oída, ser leída, ser querida? ¿A los sucesivos exilios exteriores e interiores? ¿A esa sabiduría puntillosa y universal que asomaba en cada cortejo y cada consejo de su múltiple e inagotable correspondencia?
De escritura intensa y larga, abundante, fecunda, sonora, Marina dejaba todo en el texto: “se volvía sorda y ciega a todo lo que no fuera su manuscrito”, relata su hija Ariadna. Escribía bien temprano por la mañana, donde los únicos sonidos son los del cuerpo que se despierta y nace y, con ellos, la transparencia de la mirada y de la piel dispuesta a percibir el mundo, con la cabeza fresca y el estómago vacío. El mundo se percibe, nos dirá, no se conceptualiza.
En su poética hay, sobre todo, ritmo, palabra cantada, un alma de poeta que sólo puede estar al servicio de sí misma o de otro poeta. No es una poesía de novedad, sino de autenticidad. Por ello Marina no creía demasiado en las formas “salvo bajo la forma de un cascarón roto o de un difunto de tres días”. La poesía no es una forma, entonces, sino la fuerza de lo que está vivo o de lo que se puede y se deja revivir a través de la escritura. Y esa fuerza de lo vivo, más allá de las formas, no es otra cosa que la voz. En Marina la voz no se busca, no se investiga, no es un artificio sobre el cual acomodarse. Es una voz que se sigue a sí misma, se acompaña como el sonido de la sombra de la existencia. El carácter extremo de su voz llevó a Anna Ajmátova a decir que: “Marina comienza con frecuencia un poema con un do agudo”.
Y será ese do agudo el que resonará más allá de su cuerpo y de su existencia. Será ese do agudo el que nos siga hablando y escribiendo. Solo la lectura salvará a Marina de otra soga al cuello: la de una nueva indiferencia, la de un tan poderoso como indigno silencio.
Brodsky, Joseph. Menos que uno. Ensayos escogidos. Madrid: Ediciones Siruela, 2007.
Efron, Ariadna. Marina Tsvetáieva, mi madre. Barcelona: Circe Ediciones, 2009.
Tsvietáieva, Marina. Cazador de Ratas. Buenos Aires: Paradiso Ediciones, 2007.
Tsvietáieva, Marina. Una dedicatoria. México: Editora Universidad Iberoamericana, 2007.
Tsvietáieva, Marina. Confesiones. Vivir en el fuego. Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2008.
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Carlos Skliar
Despedida audio-visual de Preferiría no Hacerlo & "Venus y Medusas"...
"Demasiados discursos sobre el otro ¿verdad? Demasiadas palabras como oquedades a propósito del otro ¿no es cierto? Y demasiada ausencia del otro en nosotros, demasiada ausencia que transformamos, sin más, en vanas palabras. ¿Vivimos, acaso, para intentar desvelar de una vez el misterio del otro? ¿Para saberlo de memoria y olvidar su nombre, conocer sus milímetros, medir de par en par su herencia? ¿Es el rostro del otro una amenaza a nuestro rostro, un largo abismo de lo mismo, una condena a la mísera soledad? ¿Nos sigue aterrando la existencia del otro? ¿O es la imagen que de allí nos reverbera? No somos el otro. Aunque lo veamos. Aunque lo toquemos. Aunque pretendamos un saber acerca del otro. Por eso: nada es, nada puede ser, sino comienza en el otro. Allí donde comenzamos a desconocernos. En ese lugar donde todo recomienza".
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Carlos Skliar
miércoles 21 de diciembre de 2011
"Las despedidas" - Audio 20 diciembre 2011 (último programa de PNH)
Últimos poemas pésimos, pérfidos, pútridos pero personalmente propios de tío y sobrino.
"Cómo habrá de acontecer "Aquí me tenés
lo consiguiente No estoy"
Cómo se expresará (Diego Skliar)
lo no pensado
lo no tocado
lo desusado
Cómo dejaremos de nombrar
En el tiempo
en el olvido
del tiempo
La suave avidez
del vivir
la aún más suave
tentación
del dejar vivir"
(Carlos Skliar)
(Carlos Skliar)
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Carlos Skliar
lunes 19 de diciembre de 2011
"Último martes de PREFERIRÍA NO HACERLO, por ahora" & 20 diciembre 2011
“Lo que veo oigo y huelo,
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?”
¿no es sólo la apariencia de un mundo frente al mundo?
¿Existe de verdad el mal
y gente que en verdad es mala?
¿Cómo es posible que yo, el que yo soy,
no fuera antes de existir;
y que un día yo, el que yo soy,
ya no seré más éste que soy?”
(Peter Handke, ‘Cuando el niño era niño’, fragmento).
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Carlos Skliar
miércoles 14 de diciembre de 2011
"El tiempo presente, presente" - Audio 13 diciembre 2011
“No quiero ya posarme
Volar a la velocidad del tiempo
Creer así un instante
Que mi espera es inmóvil”.
(Philippe Jaccottet, 'Aires')
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Carlos Skliar
jueves 8 de diciembre de 2011
"Lo dicho, lo escrito, lo ignorado" & Carlos Skliar
"Decir una palabra es ponerle voz, darle voz. Hacerla escuchar. Y la voz está en el cuerpo, está encarnada. Decir una palabra y hurgar por dentro de lo dicho es el único modo que disponemos para impedir que una palabra se nos imponga como lo que ‘debería ser’, se volatilice en el frenesí voraz de estos tiempos y se pierda, irremediablemente, pues ya nadie puede o desea pronunciarlas. Hay muchas palabras que se han caído al suelo. Y las pisoteamos o disimulamos que no están allí o las escondemos impunemente debajo de la alfombra de la voracidad del ‘progreso’ hasta abandonarlas, polvorientas, en nombre de la ‘razón creciente’. Tal vez no hemos advertido que somos nosotros mismos quienes estamos caídos, quienes nos escondemos detrás de las palabras caídas, quienes nos abandonamos en la pronunciación demasiado fugaz o quienes formamos parte de ese lenguaje que no conversa, un lenguaje deshabitado, despoblado como dice José Luis Pardo: un lenguaje sin voz (Carlos Skliar, 'Lo dicho, lo escrito, lo ignorado', Buenos Aires, Miño y Dávila, 2011, fragmento).
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Carlos Skliar
miércoles 7 de diciembre de 2011
"Morir, la muerte, los filósofos & los poetas" - Audio 6 diciembre 2011
“La muerte no se aprende. No hay nada que aprender en ella. En principio es una cosa que se hace una vez en la vida, y esta primera vez es la última, por definición” (Vladimir Jankélévitch).
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miércoles 30 de noviembre de 2011
Descartes & "La tranquilidad, lo blasfemo y el silencio" - Audio 29 noviembre 2011
“Si hubiera sido tan inteligente como lo son los simios en la opinión de los salvajes, jamás ningún hombre en el mundo sabría que yo escribía libros. Según se dice los salvajes imaginan que los monos podrían hablar si quisieran; pero no lo hacen a propósito para que los humanos no los obliguen a trabajar. No fui tan inteligente a punto de dejar de escribir. Por eso ya no tengo la paz y la tranquilidad que hubiera tenido si me hubiera callado” (Descartes, fragmento).
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miércoles 23 de noviembre de 2011
"El bien" & Vasili Grossman - Audio 22 noviembre 2011
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miércoles 16 de noviembre de 2011
"Sí, robarás" - Audio 15 noviembre 2011
“Para aquel que robara, cogiera prestado o no retornara un libro a su legítimo propietario, que se transforme en una serpiente en su mano y se
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Carlos Skliar
miércoles 9 de noviembre de 2011
"Silencio" - Audio 9 noviembre 2011
"Da la sensación que el silencio tiene algo de concluyente, de definitivo, de decisorio que la palabra ya dicha no tiene. Como si el silencio ocupara el espacio de lo innombrable, de lo indefinible, e inclusive de lo ambiguo, lo bizarro y tal vez de lo efímero, de aquello que irremediablemente se nos escapa, se nos pierde, se nos diluye. Y ya no hay palabra que pueda con ello. Por eso es por lo menos injusto que se relacione siempre al silencio con los abismos, con las tristezas, con las pérdidas, con el olvido, con la intemperie, con la desolación".
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miércoles 19 de octubre de 2011
J.M. Coetzee & "Un sueño" - Audio 18 octubre 2011
"Un sueño inquietante la pasada noche. Había muerto pero todavía no había dejado el mundo. Estaba en compañía de una mujer, una de los vivos, más joven que yo, que había estado conmigo cuando moría y comprendía lo que me estaba sucediendo. Hacía todo lo posible para suavizar el impacto de la muerte protegiéndome de otra gente, gente que no sentía cariño por mí, visto en lo que me había convertido, y que quería que partiese de una vez" (J. M. Coetzee, 'Un sueño', fragmento).
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Carlos Skliar
martes 11 de octubre de 2011
"Amo este cambio perpetuo" & José Emilio Pacheco - Audio 12 octubre 2011
"Mi único tema es lo que ya no está
Y mi obsesión se llama lo perdido
Mi punzante estribillo es nunca más
Y sin embargo amo este cambio perpetuo
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra".
este variar segundo tras segundo
porque sin él lo que llamamos vida
sería de piedra".
(José Emilio Pacheco)
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Carlos Skliar
miércoles 5 de octubre de 2011
"Lo efímero" & La palabra murmurada por un desconocido - Audio 4 octubre 2011
(Aleksandar Hemon)
“Lo más difícil a la hora de relatar la vida de alguien es elegir entre la abundancia de detalles y microsucesos, todos ellos importantes o insignificantes por igual. Si uno escoge incluir sólo los hechos importantes (…) entonces sacrifica la auténtica sustancia de la vida: lo efímero, los momentos menores, muy poca cosa para que quede constancia (el tren que se detiene en una estación en la que no hay nadie; una araña que desciende por una cuerda invisible y se posa en el suelo justo en el momento en que alguien la pisa; una paloma que te mira fijamente a los ojos; el leve hipo de una persona que está delante de en la cola para el pan; una palabra ininteligible murmurada por un ligue de una noche, que duerme a tu lado, desnudo y anónimo)” (Aleksandar Hemon, ‘El hombre de ninguna parte’).
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Carlos Skliar
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